Mutilado


Esta Cofradía del Santísimo Cristo Mutilado se encuentra desagrupada. Tiene su sede canónica en la Iglesia Capitular del Sagrario (S.I.C.B. de Málaga).

  Copia de 23667_10150134685765454_437827220453_11473369_8136502_n En los sucesos de julio de 1936, tras los destrozos sufridos en el templo, fue este Cristo Mutilado prácticamente lo único que se salvó pero padeció la pérdida de parte de sus dos extremidades inferiores (la pierna derecha desde el muslo y el pie de la izquierda). La imagen quedó presidiendo la pared del testero principal del templo.

Las diferentes versiones que circularon a partir de 1937 acerca de la causa directa de las mutilaciones de la imagen llevaron a afirmar con rotundidad que los destrozos en las piernas de la talla se debían a la acción de golpes de hacha. Sin embargo, el examen de las roturas sufridas por la imagen permiten concluir que los miembros inferiores de la imagen se fracturaron por las líneas de ensamblaje, quizás por los golpes producidos al caer fragmentos del retablo, quizás por el efecto de cuerdas que pudieron usarse para intentar arrojarla al suelo.

La idea de organizar una hermandad pasionista alrededor del crucificado mutilado surgió de un destacado cofrade de la época, Fernando Roldán Andreu. A partir de su iniciativa se formó una comisión organizadora y la cofradía se constituyó formalmente el 16 de febrero de 1939, todavía en plena Guerra Civil, adoptando como escudo el distintivo del Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra. El general Millán Astray, director de dicho cuerpo, fue nombrado primer hermano mayor efectivo.

Los estudiosos Llordén y Souvirón escribieron al respecto:

«Ante lo insólito del caso, fue preciso pedir autorización especial a Roma. Pío XII concedió el permiso para dar culto a la imagen del crucificado, tal como fue hallada entre los escombros de la parroquia».

El uso del adjetivo no es casual, ya que efectivamente ése es el término empleado por el Código de Derecho Canónico vigente entonces, el de 1917, para referirse a estas situaciones, concretamente en el primer punto del canon 1.279:

«Nadie puede colocar o hacer colocar, tanto en iglesias como en otros lugares sagrados, incluso los exentos, ninguna imagen insólita, a menos que haya sido aprobada por el ordinario del lugar».

De la lectura del texto canónico se deduce que la autorización del obispo hubiera sido suficiente ante el caso de una «imagen insólita» y, de hecho, la cofradía la sacó en procesión en abril de 1939 con la mera licencia episcopal. Sin embargo, por sugerencia del entonces obispo Santos Olivera se elevaron preces a la Santa Sede con el objeto de que autorizara esta especial devoción. Fueron atendidas por el Papa Pío XII mediante un documento pontificio fechado el 2 de agosto de 1939, en el que se accedía a que «dicha imagen, tal como se halla mutilada, quede como antes a la veneración pública sin que se restaure en su integridad prístina».HPIM3038

La creación de la Venerable Cofradía del Santo Cristo de los Mutilados (como se titulaba en sus primeros tiempos) se produjo en un clima de exaltación patriótica y de fervor religioso que impregnó todos los ámbitos de la sociedad. En este contexto abundaron las fundaciones de hermandades relacionadas directamente con la contienda civil, muchas de ellas con titulares que adoptaron las significativas advocaciones de Victoria y Paz. Los denominados caballeros mutilados se vincularon a varias cofradías y, en algunos casos, las fundaron, como ocurrió en Málaga.

En 1952, la cofradía estrenó su retablo en la parroquia del Sagrario, diseñado por Francisco Palma Burgos, en cuyo remate se colocó una imagen del Arcángel San Rafael, patrón de los Mutilados de Guerra. Ese mismo año tomó posesión como hermano mayor José Salcedo Sánchez, uno de los fundadores, que emprendió numerosas reformas y proyectos. Por iniciativa suya se acometieron diversas modificaciones con el objeto de mejorar el trono y se renovó el ajuar procesional de la cofradía mediante la progresiva adquisición de un conjunto de enseres de gran calidad artística.

A partir de 1956, gracias a las gestiones de la junta de gobierno, el trono pasó a ser portado por soldados del Regimiento Aragón número 17, de guarnición en el Campamento Benítez. Aparte de aliviar el coste que suponían los hombres de trono pagados, este cambio aumentó aún más la militarización del desfile procesional.

Los hermanos, todos ellos caballeros mutilados, desfilaban con el rostro descubierto vistiendo sus uniformes militares o falangistas y llevando como únicos distintivos comunes un escapulario y una capa blanca con el escudo de la cofradía. En la Semana Santa de 1958, algunos cofrades estrenaron el denominado ‘traje de cruzado’, inspirado en los uniformes de las órdenes militares, que parecía ser un intento de dotar de una uniformidad común a todos los penitentes como ‘caballeros cruzados’.

Su evidente identificación con el régimen político y su falta de integración en la sociedad malagueña fueron factores decisivos en el giro que sufrió a partir de 1975. Si en su origen la cofradía venía a ser una especie de hermandad gremial, restringida a una serie de personas que compartían una común condición, más adelante se abrió a los hijos de los mutilados (la preocupación por la continuidad ya fue tratada en la asamblea nacional de 1957), pero no al resto de la sociedad. Cuando el clima social y político cambió, la cofradía no estaba preparada para asumir la nueva situación.

La Cofradía llegó a tener más de 15.000 hermanos, muchos de ellos de otras provincias españolas, siendo una de las imágenes más esperadas y veneradas por el pueblo malagueño, en la tarde noche del Jueves Santo. Por ello, en 1958, recibió el título de Cofradía Nacional, caso único en la Semana Santa de Málaga, en particular, y de España, en general.

En la Semana Santa de 1976 ya se produjeron cambios significativos. El Ejército redujo su presencia en la procesión. En cuanto al trono, no hubo soldados portadores y la cofradía tuvo que improvisar un trono más pequeño en menos de dos semanas, ejecutado por Rafael Ruiz Liébana. Al año siguiente, la hermandad suspendió su salida procesional después de consultar con el obispo D. Ramón Buxarrais Ventura.

Envuelta en una atmósfera de recogimiento y silencio desde entonces, alterada periódicamente por los debates en torno a su regreso al concierto procesionista, la Cofradía del Santísimo Cristo Mutilado permanece firmemente anclada en la memoria colectiva de varias generaciones de malagueños como una forma diferente de vivir y transmitir la Pasión y Muerte de Jesucristo.

La imagen del Cristo Mutilado representa a Jesús ya muerto en la Cruz, se atribuye al escultor granadino afincado en Málaga, Jerónimo Gómez de Hermosilla (1630 – 1719), autor también de las imágenes de San Ciriaco y Santa Paula, patronos de Málaga (Iglesia de los Santos Mártires) y de la Virgen de Belén de la Iglesia Santuario de la Victoria. Los dos tronos que procesionaron por el recorrido oficial fueron obra de Adrián Risueño Gallardo (1896-1966): el provisonal de 1939 y la gran obra que sería utilizada hasta 1975, estando en patrimonio de la Cofradía. así como sus enseres que son de un valor incalculable como el precioso guión en el que se puede apreciar en uno de los reversos el Cristo Mutilado tallado en marfil, rodeado de pequeños relieves también en marfil que representan a la Trinidad y a la Inmaculada.

En la actualidad, a la finalización de los Santos Oficios en la S. I. B. Catedral la tarde del Viernes Santo, antes de la 7 de la tarde, se forma el cortejo: hermanos vestidos con riguroso chaqué negro, tras la cruz procesional y turiferarios, con hachetas y faroles, escoltan la Bula Pontificia de Pio XII y la venerada Imagen mutilada del Señor.

Tras el Crucificado, el sacerdote, revestido con capa pluvial de color rojo, propio del luto litúrgico y de los mártires, junta de gobierno y autoridades civiles, militares y eclesiásticas. El Cristo Mutilado recorre las catorce estaciones del Vía Crucis, mientras en la Catedral se escuchan las solemnes notas de música sacra, polifonía y canto gregoriano, en una composición realizada expresamente para este acto devocional por el compositor Arturo Díez Boscovich. La obra es interpretada por orquesta y coro de la propia cofradía.

Tras una oración en el Altar Mayor, la comitiva retorna a la Capilla Capitular, donde todos los fieles que lo desean pueden pasar a venerar al Señor. Este devoto acto de veneración en la Capilla del Sagrario se prolonga hasta que los fieles dejan de pasar ante la Imagen. En este último momento, sólo una Schola entona motetes gregorianos, propios de la liturgia del Viernes Santo, mientras el pueblo guarda silencio absoluto.

Música dedicada:

  • Credo Mutilado (Perfecto Artola Prats, 1962)
  • Vía Crucis (Arturo Díez Boscovich)

Parte de la información es de: Sur.es

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Una respuesta a Mutilado

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